Más de tres décadas de trabajo
La repoblación forestal fue una de las actividades que más familias de El Hoyo compartieron durante la segunda mitad del siglo XX. El libro sitúa sus comienzos en los años cincuenta, primero bajo el Patrimonio Forestal del Estado y después bajo el ICONA. Hacia comienzos de los ochenta, el trabajo en “los pinos” empezó a quedar como memoria de una etapa que había marcado a varias generaciones.
Dónde se trabajaba
Selladores–Contadero, la Colonia o El Pocico, El Manzano, El Atrancadero, El Lentisquillo–Fontanarejo y Las Berras aparecen entre los lugares más repetidos. El trabajo se desarrollaba a menudo fuera del término inmediato de El Hoyo, sobre todo en la provincia de Jaén, y obligaba a ausentarse durante varios días.
Cuadrillas, hato y organización
Las cuadrillas organizaban el desplazamiento, la comida y el reparto del trabajo. El “hato” reunía ropa, alimentos y enseres para pasar la semana. La estructura laboral era jerárquica —ingenieros, forestales, capataces y obreros—, pero la vida diaria dependía mucho de la cooperación entre compañeros.
La presencia de pineras recuerda que no fue una historia exclusivamente masculina. Las mujeres participaron en tareas forestales y en la organización de la vida en los alojamientos, dentro de unas condiciones laborales duras y poco reconocidas.
Dormir y vivir en el tajo
Antes de que existieran barracones estables, algunas personas durmieron en cocinas, perreras, chozos de carboneros, cuevas o camastros hechos con ramas y vegetación. Los barracones mejoraron parcialmente esa situación, pero podían seguir padeciendo hacinamiento, falta de ventilación, agua escasa y plagas.
La distancia entre el pueblo y el tajo convirtió el alojamiento en parte inseparable de la experiencia laboral.
Los pinos se recuerdan tanto por lo que se hacía durante la jornada como por la semana compartida lejos de casa.
Comida, cantinas y convivencia
Los grupos cocinaban de forma común y compartían chimenea, turno y rancho. Patatas, migas, potajes, legumbres, arroz, alimentos de la matanza y productos de caza aparecen en la memoria de aquellas semanas. Algunas zonas tuvieron cantinas o pequeños bares que reducían parcialmente el aislamiento.
Este mundo creó palabras, rutinas y vínculos propios. La dureza no impide reconocer la convivencia, pero tampoco debe idealizarse: los testimonios hablan de precariedad, separación familiar y condiciones que hoy serían inaceptables.
El final de una etapa
La mejora de otras oportunidades laborales, la emigración y los cambios en la gestión forestal hicieron que esta actividad perdiera centralidad. Sin embargo, “los pinos” siguen funcionando como una referencia generacional: sirven para fechar historias, explicar amistades y recordar cómo se sostuvo la economía familiar en décadas difíciles.
Transparencia documentalFuentes y atribuciones de esta página
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- Fuente local: José Antonio Fernández Menasalvas, El Hoyo: un pueblo de Sierra Morena (2010).
- Contexto forestal: Estudios sobre la repoblación forestal de Sierra Morena entre 1940 y 1984.
- Memoria oral: Recuerdos de pineros, pineras y familias sobre cuadrillas, hato y alojamientos.
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